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Hotel 'Heredad de Unanue' (Donosti)

Un despertar en pleno otoño donostiarra

19/11/2024 –

Actualizado: 14/10/2022

Fotografía: Alfredo Cáliz

Rodeado de monte y huertas de kiwis y manzanos, el 'Hotel Unanue' ocupa uno de los edificios más antiguos de San Sebastián. Un antiguo caserío de 11 habitaciones restaurado con especial mimo por dos hermanas que se desviven por cada huésped que cruza su puerta. Y todo a 10 minutos de Ondarreta y a 15 de la Parte Vieja.
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Las hojas caídas de los árboles cubren ya parte de la terraza del hotel 'Unanue'. Ya ha llegado el otoño a Donosti y el sol vivaz de la mañana invita a salir fuera a desayunar, aunque corra el aire y necesitemos una chaqueta. En pleno barrio de Añorga, dentro del cinturón verde donostiarra, el bosque y las huertas arropan este antiguo caserío de finales del siglo XV cuyas vistas resultan tan estimulantes como el café caliente que disfrutamos sorbo a sorbo.

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Amaia Liceaga ayuda a servir el desayuno, personalizado para cada cliente. Ella dirige junto a su hermana Arantxa este coqueto hotel de 11 habitaciones que abrió sus puertas en 2018. Carta en mano, anima a probar productos de cercanía, como el dulce de manzana, que extraen de las 7 hectáreas de manzanos que tienen justo en frente y que gestiona un primo perito agrónomo; o los kiwis, que plantan allí mismo, a pocos pasos de la terraza. Los bizcochos caseros, el queso Idiazábal, los yogures de Goenaga, la miel artesana o las mermeladas de Pamplona animan a continuar con el homenaje mañanero.

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El edificio que ocupa hoy el hotel está inmerso en el Parque Rural de Unanue y es uno de los más antiguos de Donosti. "Data de 1495 y se cree que fue una torre defensiva", cuenta Arantxa. "En sus muros encontramos troneras, su planta es cuadrada - de 350 metros cuadrados-, su ubicación está en un alto y el grosor de los muros alcanza en algunos tramos el metro", explica la mayor de las hermanas. También cuentan que, durante las guerras carlistas, fue utilizado como hospital militar.

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Cuando su familia lo heredó, hace ya cinco generaciones, era la casa solariega de los Unanue, apellido que da nombre al alojamiento y que hoy se encuentra en una propiedad privada de 14 hectáreas de monte protegido que comparten con primos y tíos. Nogales, robles y encinas crecen en estas colinas situadas justo detrás de Ondarreta. Basta caminar unos minutos para asomarse por una de ellas y contemplar el mar.

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"Estamos en un microcosmos familiar que antiguamente funcionaba como un mayorazgo. Fueron mis aitonas los que rompieron con ese sistema en el que sólo se beneficiaba al primogénito. Crearon una sociedad y repartieron la propiedad entre sus siete hijos", cuenta Amaia, frente a la puerta del hotel, desde donde se aprecia alguno de los pilares originales del edificio. Al lado, un coche eléctrico carga baterías en el parking.

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Ni Arantxa ni Amaia se habían dedicado antes al mundo de la hostelería. Nadie lo diría. El carisma y la calidez de las hermanas a la hora de recibir a los huéspedes hace pensar que lo hayan hecho toda la vida. Arantxa habla con soltura varios idiomas, licenciada en derecho, trabajó 30 años en comercio internacional; Amaia, por su parte, siempre ha sido enfermera. El destino -y las crisis- cambiaron sus vidas para remar juntas en este proyecto familiar que levantaron literalmente de las cenizas.

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"En 2003 un incendio acabó prácticamente con todo el edificio", recuerda Arantxa apenada, frente a una fotografía en blanco y negro donde se ve el caserío devorado por las llamas. Debajo, una ventana completamente calcinada es testigo sobreviviente de ese trágico momento. "Queremos que la gente entienda el proyecto, que sepa de dónde venimos, que a pesar de habernos derrumbado, hemos podido levantarnos. Esta ventana es un símil de la vida con un punto de esperanza", cuenta esta euskalduna.

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Un paseo alrededor del caserío permite distinguir claramente la parte antigua de la nueva. Sus muros aún muestran las cicatrices del incendio. Sólo las dos ventanas con arcos de la fachada principal quedaron en pie, hoy integradas con gusto en las habitaciones 9 y 10. Dentro, en el salón, conservan alguna de las grandes vigas de madera que formaban la estructura original.

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Las 11 habitaciones están situadas en una misma planta y no hay una igual a otra. Madera, piedra y metal destacan en una decoración cálida y contemporánea que hace guiños a la tradición vasca y a la cultura italiana. "Antes de abrir, visitamos varios alojamientos de la zona de Parma, donde tienen más desarrollado este concepto de establecimientos hoteleros en edificios históricos y en un entorno rural o agrario", detalla Arantxa, casada con un piamontés.

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Su pasión por Italia también se traduce en los muebles y objetos de la familia de su marido que decoran el salón, las toallas de lino fabricadas en el norte del país; o el café que ofrecen en un autoservice donde el cliente puede tomar bebidas las 24 horas del día de forma gratuita. "Cada detalle, por pequeño que parezca, está muy estudiado", cuenta Arantxa, que ha contado con la ayuda del interiorista Carlos Molina. 

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En la decoración hay muchos contrastes, muebles de diferentes estilos, ventanas irregulares, paredes de piedra vista, lámparas hechas con ramas, bustos que adornan las estanterías e incluso una maqueta del edifico fabricada por un tío carpintero octogenario. Un estilo ecléptico donde todo encaja, donde se respira armonía y aflora la personalidad de este singular hotel boutique.

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Un mapamundi tras la recepción marca con chinchetas de colores el origen de cada huésped que llega a 'Unanue'. Hay en todos los continentes. El libro de visitas está plagado de dibujos, cartas y dedicatorias hacia las hermanas, que ojean sus páginas con satisfacción y orgullo. Quien viene aquí no se va indiferente. "Intentamos que cada cliente se sienta como en casa", afirman.

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No tienen restaurante al uso, pero sí ofrecen para las cenas platos reconfortantes para quienes no quieran salir del hotel. Desde un pisto con huevo frito, a una sopa de pescado donostiarra, carrilleras de ternera en vino tinto, o unos pimientos rojos rellenos de bacalao entre otros platos. Todo servido en un cálido salón donde las prisas se olvidan. Pronto cae la noche y la terraza se ilumina ante la oscuridad de un bosque que te arropa antes de irte a acostar.

'HEREDAD DE UNANUE HOTEL'. Errotazar Bidea, 142. Donostia, Gipuzkoa. Tel. 843 93 19 31

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